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Rilke era un pipa y un genio misógino más

Llevo varios días yéndome a la cama con la biografía de Rilke, los mismos días que en sueños se me ha aparecido otro poeta, uno a quien vi seguir y repetir el mantra de “todo por la obra”, bajo cuya alfombra barría todo tipo de aseveraciones misóginas. Al compartirlo con Marta “¡¿te das cuenta?! ¿tú también te has dado cuenta de que es un farsante y un misógino?!” Algo tiene que haber de verdad en una conclusión a la que dos cabezas hemos llegado, por impopular que esta sea.

Intenta explicarle a una persona no española qué significa ser un pipa. Bastantes veces lo había intentado con David, que es angelino, recurriendo a sinónimos como pringado o panoja porque ninguna definición me parecía precisa del todo. Así varias veces hasta sorprenderme reconociendo todas las características del perfecto pipa en la descripción de Rilke que le ofrecí al angelino, encendida por la lectura de la biografía.

Yo había disfrutado mucho de sus poemas pero al comprobar que maltrataba a todas las mujeres con las que se relacionaba y su parecer con ellas era siempre paternalista me empecé a sentir incómoda. Abandonaba a su esposa constantemente con el pretexto de todo por la obra y en sus numerosísimas cartas jamás le preguntaba a ella cómo estaba: se dedicaba a hablarle cada día sobre los otros genios hombres con los que coincidió. No sorprende que fuera un aprovechado: se rodeaba de princesas y aristócratas que se fascinaban por su aspecto de poeta sensible pero que terminaban por hartarse de mantenerlo. Rilke, que se consideraba de alta alcurnia sin serlo y no encontraba conflicto interno en manipular a mujeres.
Atinarle a un ego tan grande como el suyo debía ser fácil, por eso en mi opinión se iba protegiendo más, y más, profundizando cada vez menos. Es por esa superficialidad que no me lo creo, es por eso un pipa, alguien que no se cata, como decimos. Además, resulta raro que lo que vivía, no estaba en absoluto relacionado con lo que escribía (en verano, invierno; en feliz sociedad, ensalzamiento de la soledad, y así casi siempre).

Por supuesto escribía maravillosamente, y si no fuera por la mitomanía que gira entorno a él y a los otros genios, quizá no hubiéramos pensado que su género es sólo manierismo superficial. Pero somos sensibles a la biografía y ha pasado como con muchos otros, hemos dejado de creérnoslos como artistas: resultan vacíos. Si obra y vida no son coherentes, si Rilke no se permitía ser un hombre vulnerable, es imposible que hubiera llegado a la profundidad del sentimiento. Eso sumado a la idea de que el amor mejor es el que existe para "custodiar la soledad" representa para mi una bandera roja inmensa y ondeante.

¿Qué hacemos con Rilke? me da lástima ya no poder leerle de otro modo. Del mismo modo que antes. Puedo comprender que el gran genio deba ser egoísta para terminar una obra. El problema está en la mitomanía alcanzada, en ensalzar y encontrar poético un comportamiento que justifica conductas misóginas. Cuando se analiza la biografía con el sentido crítico que nos da nuestro tiempo (imposible despojarse después del revuelco social global de 2017) los genios como él salen muy desfavorecidos. Hay una avalancha de desenmascaramientos y de decepciones retroactivas que servirán, al menos, para que los ídolos del futuro no lo sean a costa de abusos.

Inés Muñozcano

*La imagen es un fotograma de una película que no he visto, "Paula", sobre la vida de la pintora y amiga de Rilke, Paula Becker.

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